Estamos convencidos de que un anarquista es un individuo violento que está en contra de todo y pone bombas cuando puede.
Que se trata de un loco organizado y violento con ganas de destruir el Estado y la democracia.
¿Y si no fuera cierto?
¿Y si el punto de vista de los anarquistas no fuera despreciable?

Considerado el mejor antropólogo de su generación, el anarquista americano David Graeber jamás dejó de pagar impuestos y tampoco abandonó sus ideas.
La utopía de las normas – De la tecnología, la estupidez y los secretos placares de la burocracia – es un libro complejo escrito por una mente inquieta.
No es fácil de leer.
No es para principiantes.
Las normas son un producto de la burocracia, una cosa creada por burócratas y funcionarios, con la venia eterna de los políticos.
Pero a no engañarse, che: con la nuestra, también.
Los burócratas son unos condescendientes elitistas casi imposible de eliminar.
Los políticos son unos ladrones y fanfarrones mentirosos a los que, mediante tu voto, ocasionalmente se los puede echar.
David Graeber murió en 2020 en medio de cuestionamientos y descalificaciones, algunas justas y otras injustas.
Hasta cierto punto lo defendió la izquierda y lo maltrató la derecha.
Pero su visión del estado como una maquina de impedir y regular no es despreciable.
Fue un antropólogo ilustrado, no un boludo.
Y lo reitero: no es un libro fácil de leer.
| Autor: David Graeber
| Editorial: Ariel, 2015
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